La página 99

Hola,

Hoy he leído que un sabio sabiondo, o simplemente alguien con mucho tiempo libre y gente que le escucha, teorizó que para saber si te gusta o no un libro solo has de leer la página 99. Supongo que es la 99, porque esta algo así como en medio de todo libro, el nudo de la historia. Una web dedicada a la venta de libros ha decidido poner las páginas 99 de los libros que vende para que la gente decida. Es una tontería, lo se, pero me ha hecho gracia, así que a partir de ahora os pasaré las paginas 99, si las tienen, de libros que tengo por casa cogiendo polvo, por si os gustan.

la repentina frialdad; las conversaciones que ella iniciaba tenían el mismo efecto que la leña verde, humeaban pero no llegaban a prender. Y, lo que resultaba mas imperdonable incluso, la gente empezaba a irse sin pedir su número de teléfono. El coronel de las Fuerzas Aéreas aprovechó para levantar el campamento un momento en el que ella le daba la espalda, y esto fue la gota que colmó el vaso: el militar la había invitado a cenar con él esa noche. De repente Mag se cegó. Y como la ginebra guarda la misma relación con el artificio que las lágrimas con el rímel, su atractivo se descompuso de forma instantánea. Comenzó a meterse con todo el mundo. Tachó a su anfitriona de degenerada hollywoodiense. Retó a un cincuentón a pelear con ella. Le dijo a Bernan que Hitler tenía razón. Y hasta logró reanimar a Rusty Trawler acorralándole en un rincón.
-¿Sabes lo que te espera?- le dijo, sin rastro de tartamudeo-. Te haré correr hasta el zoo y te echaré al yak para que te coma.
El pareció dispuesto a seguir sus planes, pero Mag le decepcionó porque se dejó caer al suelo y se quedó allí sentada tatareando una canción.
-Me aburres. Levantate de ahí -le dijo Holly acabándose de poner uno de los guantes. El resto de la concurrencia esperaba en la puerta, y al ver que Mag no se levantaba, Holly me dirigió una mirada de disculpa:
-Pórtate como un buen chico, Fred. Métela en un taxi. Vive en Winslow.
-No, en Barbizon. Regent 4-5700. Pregunta por Mag Wildwood.
-Eres un buen chico Fred.
Y se fueron. La perspectiva de tener que tirar de aquella amazona hasta un taxi bastó para borrar todo el resto de resentimiento que pudiera quedarme. Pero ella misma resolvió el problema. Levantándose a impulsos de su propio enfurecimiento, me miró desde su tremenda estatura con tambaleante altivez, y me dijo:
Desayuno en Tiffany's - Truman Capote (1958)

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